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Rasgos del cambio hacia una economía sustentable.

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Por Víctor Manuel Barceló R.

Amigos y dos que tres lectores me piden volver al tema del cambio del sistema económico para nuestro país, referido a las volandas en mis notas anteriores. Justo es que lo intente, a partir de los últimos resultados desastrosos en la economía y la vida social de los mexicanos. Frente al programa recesivo del gobierno federal –que pretende resolver la escasez de recursos con mayores cargas tributarias, reducción de presupuestos para educación, salud y otros renglones del desarrollo social- urgen planteamientos puntuales para análisis y aprobación del Congreso de la Unión.

Se trabaja intensamente en diversos sitios de la academia, cenáculos y entidades políticas, para presentar ideas estructuradas que den nuevas pautas al crecimiento de la economía y rescaten rutas de beneficio para la población en general. Pergeñemos algunas apreciaciones generales, base de nuevas maneras para atender al crecimiento interno, con justicia social, deuda sempiterna con la población.

Precisemos que, mientras no se construya un Nuevo Pacto, al menos un Nuevo Acuerdo General, en la cumbre de los actores y grupos políticos, para la reconstrucción del país, flaco será lo que pueda lograrse. Mucho tendrán que ver en ello, los acercamientos en la pluralidad del Nuevo Congreso, en que se renueva la Cámara de Diputados, con un alto porcentaje proveniente de partidos, presumiblemente de centro izquierda –PRI, PRD, PT y Convergencia- que juntos pueden afinar cambios profundos a las fórmulas neoliberales que ya fallaron, rotundamente, en todo el Planeta.

Necesitamos un gobierno de la gente, por la gente y para la gente. Capaz de echar mano de tecnologías de punta que permitan aprovechamientos sustentables de nuestros recursos, superando lo que vivimos: una economía extractiva que envía al exterior nuestros recursos o los procesa en corta medida, aplicando productos de la química que dan como resultado, afectaciones brutales a quienes laboran en sus fábricas –por lo general empresas transnacionales- y a quienes los consumimos, casi obligatoriamente.

Se trata de productos chatarra, distribuidos profusamente y promocionados en alta, porque es la meta de la economía: el consumismo constante. Lo menos que provocan esos productos en el mexicano es el alto nivel de obesidad –somos el 2º país a nivel universal en ese problema- además de sufrir el desarrollo de infinidad de enfermedades, incluido el cáncer en diversos órganos del cuerpo humano, al introducir en nuestro organismo diversos cancerígenos.

No termina allí el conflicto con la vida. El sistema produce inmensa cantidad de desperdicios -basura en todos sus procesos- que afectan brutalmente: el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra de que proveemos nuestra alimentación. El círculo vicioso producción-contaminación logra beneficios tales que, de 100 de las mayores economías del mundo -incluidos países poderosos- 51 sean transnacionales, que no consideran a los recursos como finitos.

Al paso que vamos, en que ya consumimos un tercio de los recursos planetarios, sobre todo para el confort de los ricos –el imperio, con el 5% de la población mundial consume el 30% de la producción anual- poco quedará para futuras generaciones, si no somos capaces de realizar algo contundente en la ruta del desarrollo sostenible.

Ya hay grupos de naciones intentando cambios hacia la sustentabilidad. A nivel interno de nuestros países, también hay esfuerzos al respecto. Los avances no son muy amplios, pero si vigorosos y firmes. En esa ruta debiera encausarse el esfuerzo nacional por mejorar las condiciones de vida, del 60% de mexicanos que viven en pobreza y miseria, sin mayor redención que huir, hacia la frontera norte, en busca de unos cuantos dólares, que mitiguen el hambre de sus gentes.

Algunas acciones pueden adelantarse, localmente, en busca de mejores tiempos para quienes habitamos el país. Empecemos por darle un destino correcto a la basura de nuestros pueblos y comunidades. Que no sea vector de enfermedades, con sus componentes en descomposición y químicos “vivos”, arrojados en la vía pública y cuando bien nos va, recogidos por la autoridad para refundirlos en tiraderos a cielo abierto –en que los buitres son los procesadores, diseminando enfermedades y plagas-.

También se agrupan en rellenos sanitarios, que por lo general no cumplen normas oficiales y son recipientes de biodegradables en descomposición, cuyos lixiviados contaminan los mantos friáticos, en que se contiene la poca y escasa agua con que cuenta el Planeta para la vida de su flora y fauna, en muchos casos extinguida o en peligro de que ocurra. Pero hay mecanismos modernos para la acción, que no han sido considerados y a ellos debemos acudir.

Cada vez se conocen tecnologías de punta –algunas ya accesibles y aplicables en nuestro territorio- para dar a la basura un tratamiento integral. Ello implica el reciclaje de sus componentes –plásticos, metales, vidrio, papel, cartón- de manera especial de sus materiales biodegradables, que mediante procedimientos de innovación, ya patentados en el país, pueden encausarse a biodigestores que les conviertan en riqueza, creando abonos orgánicos de la más alta calidad.

La nueva economía puede ser sustentable en la práctica. Salvar la flora, evitar explotación de bosques y selvas –que ya nos quedan pocos-. Suprimir quemas de pasto y basura, que producen dioxina, el cancerígeno más terrible que respiramos. Avanzar a una economía de transformación, tendiendo al “cero deshecho”. Esto no es utopía, existen pruebas palpables de su viabilidad, en todos los continentes.

Una producción que provenga de un campo, que recicle sus propios deshechos y logre producciones orgánicas; que no busque mercados externos, en tanto no atienda las emergencias nacionales en alimentación y salud. Que vigile el medio ambiente y con él, la salud y bienestar de todos los mexicanos. Una industria nacional para el mercado interno, apoyada en las producciones locales.

¿Habrá interés en los nuevos diputados para trabajar en estos terrenos que darán actividad –empleo- a millones de mexicanos, atenderán a su salud y permitirán que el ocio sea bien utilizado?. No falta mucho para saberlo.